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La Guinda: una nueva opción gastronómica en Parque Rodó

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Dirección: Maldonado 1983, esquina Juan D. Jackson.
Horarios:
De martes a sábado en dos turnos: de 20 a 22.30 horas y de 23 a 1.
Reservas:
Teléfono: 094 929 092
Correo: [email protected] / @laguinda.mvd
Detalles: El precio promedio es de 800 pesos por persona. El cubierto cuesta 85 pesos, e incluye una panera con pan casero, y diversas salsas. Es necesario hacer reserva antes de asistir al lugar.
 

En 2018, Carolina Mena, Santiago Romero y Ramiro Cabrera comenzaron con la idea de instalar un nuevo restaurante. Buscaron y visitaron diversos locales, hasta que finalmente encontraron una antigua casa de 1920 ubicada en el límite de Parque Rodó y Palermo. Allí, sobre la calle Maldonado es donde se encuentra La Guinda, una casona de gastronomía recientemente inaugurada, que se caracteriza por su variedad de tapas y tragos de autor. 

Noche, tapas y tragos


En La Guinda, la idea inicial fue tener opciones para el almuerzo, la merienda y la cena. Lograron un menú, a cargo de la chef Carolina Mena, que incluyera los tres horarios. Pero la pandemia, y las consecuencias que le siguieron, provocaron un comienzo en etapas.

En el horario de la noche - el único que funciona actualmente -, destaca la gran variedad de tapas que acompañan la carta de tragos de autor y algunos platos principales.

La polenta grillada de hierbas con cordero braseado; la focaccia de morcilla y ensalada fresca; el queso brie con cebolla caramelizada, frutos secos y verdes; las empanadas de matambre (cortado a cuchillo) con dos salsas; y las croquetas de pesca con crema de maíz y panceta, son algunas de las opciones destacadas. Además existen las mollejas con cremoso de papas e hinojos; el provolone con romero, whisky y naranja; o la panera con chimiroto, idea de un amigo de Carolina, elaborada con porotos manteca y chimichurri.

En cuanto a los platos principales, en La Guinda se ofrecen tres opciones: pesca (con cremoso de coliflor, tierra de panceta, y verduras salteadas), canelones vegetarianos (de zapallos asados, ricota y verdeo con salsa de curry y frutos secos), y una entraña a la plancha con un pastel de boniato, papa y cebolla.  

A su vez, todas las preparaciones pueden acompañarse de los diversos tragos de autor. Uno de los más destacados lleva el nombre del local, y es servido en una taza antigua, con una espuma cítrica de maracuyá, una cuchara de chocolate belga, gin Bulldog, vino blanco, frutos rojos, limón y té. Pero también hay clásicos como caipiriña, vinos (tintos, blancos y rosados), tragos más refrescantes y frutales, tónicos, aguas saborizadas, refrescos, y más.

Por último, y para endulzar la noche, en La Guinda se ofrecen algunas deliciosas opciones para el postre. Ejemplos de ello podrían ser el mousse de dulce de leche sobre tierra de chocolate y frutos secos; el tiramisú; la pavlova con curd de limón, fruta fresca y una salsa de frutos rojos; o el salchichón de chocolate blanco con crema de mandarina y jalea de lima con cedrón. 

A la luz del día


En esta casona de gastronomía, próximamente comenzarán a funcionar los domingos de brunch, el menú para el día y las meriendas.

En la propuesta del mediodía destacan preparaciones caseras como la milanesa con puré,  aceite, perejil y limón; un tostón de remolacha, huevo, queso de cabra, verdes y aderezo; un pastel de carne cortada a cuchillo, preparado en un sartén de hierro tipo provolonera, y acompañado de trufa roquefort; ensaladas, tartas, y focaccias al peso, para abordar el circuito de facultades que existe en la zona. 

La carta de la tarde también está protagonizada por productos que reviven lo casero. Hay scones, tostado de pan casero, alfajores de maicena, membrillo y limón, y de coco sin harina, torta de ricota, carrot cake, pasta frola, o brownie de chocolate y nuez. Además hay servicio de cafetería; desde expreso, hasta cappuccino, té y submarino. 

Pasado y presente


La casa en donde hoy se encuentra La Guinda tuvo un gran trabajo de remodelación a cargo del arquitecto Guillermo Pérez Marichal. Se mantuvieron los techos de bovedilla, el ladrillo de las paredes y los pisos de pinotea. Además se conservaron los pisos de la cocina, corredor y del ambiente central ubicado debajo de la enorme claraboya que da luz al lugar.

“El piso de la claraboya tenía un azulejo que formaba una esvástica al revés, pero nosotros preferimos intervenirlo. Sigue siendo el mismo, lo único que se cerró el cuadrado en verde, que fue lo que terminó dándole el logo al local”, cuenta Carolina.

Al ingresar, a la izquierda pueden encontrarse mesas tipo living; a la derecha, rodeando la barra, mesas estándar, y en el centro, debajo de la claraboya, mesas altas que resultan ideales para tapeos u ocasiones más informales. Sobre una de las paredes también existirán muestras de arte itinerantes, que cambiarán cada dos o tres meses. Hoy se encuentran colgadas las piezas de Sofía Sibrú, primera artista que expone, aunque no se sabe aún quién tendrá el gusto de continuar con esta novedosa práctica.  

 

2 comentarios

  1. Excelente opción para una zona que necesitaba de este tipo de propuestas. Los platos y los tragos son excelentes y la atención es muy buena. Fui hace poco a conocer el lugar y con seguridad volveré.

  2. Excelente lugar. Los platos y tragos exquisitos. La atención espectacular y cada detalle en la ambientación es sumamente hermoso. Recomendable tanto para ir a cenar como para a ir a tomar algún trago. Se necesita en el barrio un local gastronómico de dicho nivel.

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